Camino a su casa (que me quedaba bastante lejos), me encontré con Ellas: dos de mis hijas, hacía mucho que no las veía y me alegraron mucho más la tarde; al cabo de unos pocos minutos hablando, veo a Andrés un compañero de escuela que iba con dos amigos a la casa de Manuel, los alcancé y fui con ellos; uno encontró una bolilla y decidieron regalársela junto con un vaso que contenía fernet y habían acabado de tomar.
Llegamos y, por supuesto, ya había gente, algunos amigos de él, otros que tenemos en común y tres hijas mías: Yasmín, Florencia y Aldana. Se despidieron Min y Popi y la primera al saludar a Manu le dio un beso en la boca, el cual Popi no lo vio y pidió que se saluden nuevamente, mientras Fransico hablaba, en un momento mira y se estaban besando, entonces deja de hablar y se hizo el silencio total, exceptuando la televisión que estaba encendida; fue un momento muy tierno, de mucha expresión de cariño de parte de los dos que no vamos a olvidar ninguno de los presentes.
La tarde fue hermosa, entre idas y vueltas, llegadas, partidas, saludos, teléfonos sonando, unos de los presentes jugábamos al truco, algunos escribían mensajes y otros jugaban en la computadora al tiempo que escuchábamos música. Disfruté entre cosquillas de José, algunas indirectas, triunfos y derrotas en el juego y gritos de aquellos que ganaban en la computadora.
Por la noche, todavía yo presente se comieron choripanes y papas fritas, tomaron vino, gaseosa, fernet y yo agua, entre risas y cargadas (una de ellas fue de parte de Ana, madre de Manu, hacia mí, ya que pensaba que yo era su novia o que quería tener algo con él) salimos afuera y unos se pusieron a jugar con la pelota de rugby y luego se sumaron unos más con la pelota de fútbol, terminaron jugando con el propósito de pegarle al palo de luz ubicado en frente a la casa de Manu, al cual Chizo le apuntaba y no le pegaba, y las veces que pateaba sin ese propósito lo lograba, mientras que Manu la pateaba siempre (o casi siempre) dentro del hospital de la ciudad y debía ir a buscarla constantemente.
Luego de que varios se retiraron, fuimos dentro de la casa: mientras unos jugábamos con las cartas y otros en la computadora comenzamos a sentir ruidos en el exterior, abrimos la puerta y pudimos observar que se había mucho viento, recordamos que estaba anunciada la tormenta de Santa Rosa para ese fin de semana pero hicimos caso omiso del viento y seguimos en nuestros juegos.
Siendo las 3.30 AM, pedí a Manu que me llame un remís para poder llegar a mi casa, llegó a las 4.10 y me fui.
FUE UN HERMOSO DÍA QUE NO VOY A OLVIDAR, ME AGRADA MUCHÍSIMO Y POR ESO LO ESCRIBO.
TE AMO MUCHÍSIMO Y LO SABÉS ♥